Presentación



Ángel de Campo, Micrós, es considerado en la historia de la literatura mexicana un escritor realista, sentimental y piadoso, atento a la vida ordinaria de las criaturas y a las vicisitudes del barrio; opiniones que compartieron contemporáneos suyos como Luis González Obregón, Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, Federico Gamboa, Amado Nervo y Victoriano Salado Álvarez, con quienes vivió la experiencia del periodismo literario de finales del siglo xix en las páginas de El Nacional, El Universal, El Partido Liberal, la Revista Azul, El Mundo Ilustrado y El Imparcial, entre otras publicaciones.

La naturaleza periodística de los escritos microsianos los alejó de las generaciones posteriores inmediatas. Las tres colecciones de cuentos y artículos que De Campo editó en la última década del siglo xix —Ocios y apuntes (1891), Cosas vistas (1894)y Cartones (1897)— llegaron a circular hasta la primera del siguiente; recordemos que se publicó en Morelia una segunda edición de Cosas vistas en 1905. Tras su muerte, en 1908, poco sirvieron algunos encomios de colegas suyos para darle un sitial privilegiado en la república letrada. Micrós salió de escena al tiempo que caía el telón del régimen de Porfirio Díaz. Los cuentos y las crónicas de aquel mundo, tan populares, se fueron a reposar para adquirir un nuevo valor de lectura.

A continuación algunos párrafos de sus coetáneos, historiadores y críticos de la literatura mexicana para quienes Ángel de Campo ha sido:

altamente delicado y sensible; cualquier impresión lo hiere; cualquier sentimiento lo hace vibrar. Ve la naturaleza por un prisma artístico, que abrillanta los objetos y los llena de tintes lípidos, pero sin cambiarles la forma; quedan impresas con toda su finura las líneas de los perfiles. Es un Juan Prouvaire: ama a los desvalidos y contempla los astros. Es un observador poeta.

(Luis G. Urbina, 1891)

Micrós se distingue por esa observación fina, exactísima, que precisa todos los detalles poetizándolos, sin embargo. Alguna vez fantasea por las vaguedades de un romántico delicado y agradable; hace análisis psíquicos y suele vibrar la nota de una ternura apasionada en tal o cual de sus historias…

(Amado Nervo, 1895)

delicioso autor de cuentos, novelas y artículos literarios […] desciende directamente de Charles Dickens y Alphonse Daudet […], continuador de Fernández de Lizardi y de Cuéllar. Más que de costumbrista, de impresionista hay que calificarlo; dado que en lo que sobresalía era en la pintura de lo que de algún modo impresionaba su ánimo.

(Federico Gamboa, 1914).

[autor de cuentos donde] el dolor alienta como en mirada propia: el dolor de los niños; el dolor de Severiano Pérez, el cochero enamorado; el dolor de la muchacha pobre que no puede comprarse unos botines; el dolor aventurero de la perrita poblana y del canario prisionero de la jaula, y del caballo de pica. Habrá en nuestra literatura autores más cultos, de más perfección técnica, de más profundidad; pero ninguno de tanto amor para lo nuestro.

(Bernardo Ortiz de Montellano, 1926)

[escritor cuya] maciza filiación sentimental lleva aparejada tan noble y cuantiosa dosis de la atmósfera urbana de la capital porfirista, que nos gana por sobre la labor de cualquier otro varón de la época.

(Mauricio Magdaleno, 1939).

Consideraciones semejantes han expresado Carlos González Peña, Alí Chumacero, Julio Jiménez Rueda, Francisco Rojas González, Joaquina Navarro, Luis Leal, María Elvira Bermúdez, Emmanuel Carballo y Carlos Monsiváis, seducidos por la prosa de Micrós. Estos testimonios confirman la importancia del más popular cronista de El Imparcial.

Culminar la total recuperación de este escritor de finales del siglo xix es el afán del proyecto de Edición de las obras de Ángel de Campo, Micrós y Tick-Tack, que se desarrolla en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas (iib).

Miguel Ángel Castro